El proyecto

Ruta de la Música es un proyecto de Sernatur desarrollado durante el año 2017 en Concepción con la finalidad de generar un producto turístico que vincule a la ciudad con su identidad cultural principalmente musical. En el desarrollo del proyecto participaron diferentes agentes de la industria cultural, músicos, instituciones públicas, privadas, centros culturales, dueños de locales, historiadores, representantes de centros de educación, periodistas y consultores, con la finalidad de entregar a la ciudad una base importante de desarrollo en base al turismo musical.

De entramados, matrices, itinerarios y convergencias: cartografíar el Concepción musical.

Aunque Concepción es considerada una ciudad rockera, al punto que se ha llegado a declarar (erróneamente) como la “cuna del rock chileno”, esta etiqueta opaca otras facetas de su actividad musical y cultural. Desde que Pedro de Valdivia decretara su fundación en 1550, Concepción lidió por ocupar un sitial de relevancia entre sus pares del territorio nacional. Su condición de ciudad frontera, de punto de encuentro, confluyeron los ejes que, entrelazados y muchas veces indistinguibles, ayudaron a trazar históricamente su identidad cultural: lo marítimo portuario, en su conexión con la franja costera, lo campesino, en su conexión con el interior, lo minero, representado en la zona del carbón, y lo mapuche, rasgo atávico que preexistía a su nacimiento.

A partir del siglo XVIII y con mayor fuerza tras el surgimiento del Chile republicano, una nueva hebra viene a matizar el entramado. La modernidad emerge y persiste. Empujada por el progresismo de los comerciantes franceses e ingleses, la ciudad la acepta, la adopta, la asimila y se la apropia. Se convierte en la arcilla que va definiendo su perfil, modelándolo entre la flexibilidad de los ideales y la dureza de los hechos históricos. Lo urbano cosmopolita aparece como un nuevo eje que se impone con su sinergia, prevalece en el tiempo y favorece la formación de un universo de actores proclives al desarrollo de la cultura que la transformaron -a veces en el discurso, a veces en lo real- en patrimonio y orgullo, un ethos pencopolitano que se mantiene vivo hasta hoy.

Concepción es el TUC, Los Tr3s, los Coros Polifónicos de la Corporación Sinfónica, Los Búnkers, la Orquesta Sinfónica Universitaria, Emociones Clandestinas. Pero antes de eso fue Giuseppe Soro y su hijo Enrique, Esteban Iturra, Laurencia Contreras y hasta las bandas de guerra que circulaban cuando éramos capital militar durante la Colonia. En el afán de reafirmar nuestra condición de capital artístico-cultural, hemos desarrollado una mala tendencia a reconocer con demasiada facilidad lo más inmediato, y con cierta dificultad lo más discreto. Apurados por la contingencia, estimulados por los medios de comunicación, ponemos en relevancia lo actual, lo de mayor impacto aparente. Sin embargo, todo lo visible es resultado de un capital cultural sedimentario, el humus que nutre un panorama mucho más rico, diverso, profundo, multisónico, y que da cuenta de un itinerario histórico donde van confluyendo y arraigando lo mapuche, lo portuario, lo minero, lo campesino y lo urbano. De ahí nuestro sello único; reconocible y reconocido.

En este panorama, la creación de la Universidad de Concepción (1919) fue la realización de un ideal que permitió ratificar y catapultar los anhelos de una comunidad, que luego se canalizaron en la fundación de una Orquesta Sinfónica (1954), las Escuelas de Verano desde 1955, la realización de los Festivales de Jazz (1956-65) y la fundación de la Escuela Superior de Música (1963), sólo por nombrar algunos. Más tarde se actualizarían en El Rincón de Santamaría y el J, el programa Chile Sinfónico, el estreno de obras de compositores chilenos contemporáneos, el concurso de Jóvenes Talentos y, más allá de la universidad, en eventos como El Grito de Fin de Siglo, Rock al Sur del Mundo, La Cumbre del Folk, Tras Bambalinas, Jazz, Vinos & Blues; u otros más recientes y palpitantes como los Premios Ceres, Escucha música de tu ciudad y el futuro festival REC (Rock en Concepción). Fue aquí donde Violeta Parra quiso fundar el Museo Nacional de Arte Folklórico (1958), donde estuvo en más estrecho contacto con el mundo académico y donde parece haber dado el paso de recopiladora a cantautora. Fue en la Casa del Deporte donde Críspulo Gándara batió en un prolongado y mítico duelo de payadores a Lázaro Salgado (1965). Fue en el desaparecido Conservatorio Vivaldi donde Miguel Ángel Pellao, el tenor pehuenche que ahora triunfa en Europa, dio sus primeros pasos formales en el canto lírico (1999). Aquí querían tocar Los Prisioneros cuando empezaron a mirar más allá de Santiago; “cuánto saben los penquistas de música”, fue lo que declararon cuando vinieron por primera vez (1984). Eventos, artistas, discos, espacios, iniciativas que, con mayor o menor éxito, nos hablan de un espíritu local que busca mantener vigente la desbordante creatividad, el rico espacio cultural, y contener ese paisaje multisónico que trasciende las etiquetas, que no reconoce distancias, fronteras ni fútiles distinciones entre músicos o músicas y, en cambio, establece puentes comunicantes entre los diversos actores de la escena, que fluyen en su quehacer como el Biobío.

La intención es, precisamente, invitarlos a quitar las etiquetas para poder mirar la cartografía completa, descubrir que, si queremos autoafirmarnos como una ciudad cultural y musical, tenemos que tomar conciencia plena de nuestra historia pasada y realidad actual, con altos y bajos, avances y retrocesos. Con orgullo, pero sin soberbia. Contamos con los andamios para que el ser cultural de Concepción se revele como acción, para sostener nuestra autonomía cultural y erigirnos como un nuevo polo de desarrollo, ya sea que el resultado queramos llamarlo industria o mundo del arte. Esta plataforma es más que un nodo informativo: es una invitación a reconocer el complejo entramado de nuestro territorio musical, cuya mística se alimenta día a día, crece y decrece, pero cuyo verdadero valor anida en nosotros mismos y florece en nuestra capacidad de descubrir y descubrirnos, de revitalizar lo antiguo maravillarnos con lo nuevo.

Rodrigo Pincheira Albrecht y Nicolás Masquiarán Díaz

By Valiente